01 diciembre 2023

El vendedor de toda la vida ha quedado obsoleto.

 



Carlos es un vendedor de productos de estética. Su empresa es una de las más importantes del país, con un amplio catálogo de productos.

Un día Carlos me comentaba lo difícil que estaba el mercado de la cosmética. Muchos de sus clientes potenciales le atendían por compromiso y él detectaba que, a medida que iba presentando su amplio catálogo, se iba dando cuenta de que de esa visita volvería a salir sin cerrar la venta.

Me explicó que, una vez concertada la entrevista con el cliente, se presentaba en el día y hora acordados y hacía una presentación exhaustiva y con todo detalle de cada uno de los productos que la empresa comercializaba. Cuando acababa la presentación se hacía el silencio y transcurridos unos segundos el cliente le decía: “déjame tu tarjeta y si necesito algo te llamaré”. Desarmado, Carlos hacía lo que el cliente le pedía y se despedía cordialmente.

Lógicamente, el cliente nunca le llamaba.

Había perdido la oportunidad de conseguir el cliente, y no sólo eso, sino que además el cliente ya no se acordaba de lo que Carlos le había explicado.

De ahí la importancia de hacerle las preguntas adecuadas al cliente para conseguir la información necesaria, saber cuáles son los productos que le pueden interesar, concertar una siguiente reunión con el cliente y presentarse con los deberes hechos enfocándose únicamente en esos productos que le solucionarían el problema.

Siento que los vendedores estamos infravalorados por nuestros clientes. Solemos tener fama de charlatanes y vende-humos. Pero en realidad, somos imprescindibles en la sociedad. Sin vendedor no hay venta y sin venta no hay negocio.

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